Este es el cuaderno de bitácora de las aventuras de Debarro en la GIRA BOTÁNICA ACÚSTICA 2010/11.
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CAPÍTULO 7. Los pilares de la tierra.

      
Cristina en Vitoria
     La Catedral de Santa María de Vitoria se encuentra en el mismo lugar donde se fundó en el siglo VIII una aldea llamada Gasteiz. El mejor proyecto de restauración de toda Europa se está realizando actualmente en este edificio que conserva en sus entrañas las cicatrices del paso del tiempo y del hombre desde la fundación de la aldea. 

     En una de las puertas revestidas de andamios usted podrá leer en un cartel: Abierto por obras. Una sugerente invitación a ponerte un casco y pasear por la obra misma, por recovecos que llevan a antiguos secretos, por heridas abiertas que muestran sin pudor los siglos amontonados como los años en los árboles talados, fallos genéticos equilibrados con tiritas de tecnología puntera y andamios de montaña rusa… un paseo que acometemos convencidos de estar en una de las secuelas de nuestro apreciado Dr. Jones. 

     La magnitud de esta obra insólita es un estímulo fascinante para aquellos que aborrecemos la aplastante monotonía de los edificios religiosos y su decepcionante carencia de sorpresa. Ken Follett debe ser de esos. Se inspiró directamente en el proyecto de las obras de Santa María para escribir Un mundo sin fin, la segunda parte de Los pilares de la tierra. El muy canalla tuvo acceso directo durante cinco años a las historias que contó la Catedral a los arqueólogos según hurgaban en sus partes.  Ser uno de los escritores que más vende del mundo otorga mucho poder, pero no todos lo aprovechan así de bien. 

Jose A. Perera Vs. Ken Follett
     
     El Parral Taberna es un restaurante vegetariano con el ambiente familiar de una tasca y la frescura de un garito cervecero que organiza conciertos y otras actividades culturales todos los martes. A los bares les pasa como a los perros: tienen la personalidad de sus tutores (y al menos en los bares, es justo que así sea): Iñaki nos brindó confianza y cercanía, y desde el primer minuto nos sentimos como en casa. 

Parral Taberna
     La maravillosa energía de la Kiwiboda aun seguía candente un mes y medio después en el concierto del Parral Taberna: con más de la mitad de este público compartimos cuatro días en un cortijo en las faldas de Sierra Nevada el pasado octubre para celebrar el enlace de nuestros queridos Darío & Aloa. Por entonces ya estaba cerrada la fecha de este concierto, y por entonces muchos de los invitados vitorianos con los que compartimos aquella intensa experiencia apuntaron este 23 de noviembre en su agenda. Y vinieron. Nos encanta cerrar círculos, y este lo cerramos con un recital en el que el público puso su corazón para que Debarro contaminara la atmósfera con esa magia que tantas otras veces se nos escapa en el escenario. También puso su corazón Eva, la flautista, que aceptó encantada el reto de tocar con Debarro sin ensayo y bordó una preciosa versión de Chica con la travesera. 

Parral Taberna
      

     Diego, el escalador zurdo, nos dio cobijo en su casa poniendo muy alto el listón a los anfitriones. David, el batería zurdo, nos dejó su equipo de sonido, su tiempo y su saber como técnico, mientras sus dos hijas pequeñas nos cautivaban para siempre.  Gracias a los dos (para los dos zurdos de Debarro, no es habitual tal armonía en la lateralidad de los brazos con nuestros comensales: ha sido todo un placer compartir mesa con vosotros estos dos días). 


Graffiti en el Casco Viejo de Vitoria

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Debarro en Barcelona. Junio'10.

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